viernes, 17 de mayo de 2013

Confesiones de una chica



Debo confesar que a veces me arrepiento de las decisiones tomadas pero en otras tantas no. Al principio todo comenzó como un juego en el cual yo tenía el control, pero poco a poco lo fui perdiendo, me encuentro en un trance donde tome la decisión de salir de este infierno de Ana y Mía, pero en transcurso del camino recorrido he querido regresar o más bien he vuelto o me he estancado; Lo primero ya lo he hecho aceptar que sufro estas enfermedades que uno no las elige.

Llevo casi un mes comiendo bien, después de haber pesado 42 kilos y bajado 11 kilos en 3 meses; les diré que todavía aun luchando contra mi propio yo para salir, quisiera volver, suena masoquista y loco pero es así.
Me encanto ver como cambiaba mi cuerpo, mi cara, me fascino los comentarios de amigos que decían que me veía más hermosa, con una gran figura, pero también hubo personas que me llamaron Anorexia por juego sin saber que lo padecía, gente que se preocupaba por mí.

Todos pensaron que había bajado de peso por el ejercicio diario, por haber cambiado mis hábitos alimenticios, por la dieta que mas que dieta, era no comer nada por días solo tomar agua.

Tengo aproximadamente 3 meses en terapia, no ha sido fácil han existido días donde he querido regresar, pero recuerdo a la chica sola, desolada, triste en una habitación oscura, llena de cortes por todo el cuerpo, esa chica que lastimaba con sus comentarios a su padres, la que no salía para nada, la que se perdió de muchos momentos, la que se intento quitar la vida, la que se lastimaba todos los días con sus comentarios frente a ese monstruoso espejo que hasta el día de hoy la sigue llamando gorda.

He tocado fondo es por ello que ya no es fácil recaer; al tocar fondo me refiero a que una noche de un sábado mis padres estaban discutiendo como muy habitualmente lo hacen, y me puse a llorar, ese día me había dado un atracón y no había podido vomitar, tome laxantes, al anochecer sentí literal como la soledad se apoderaba de mi, lloraba descontroladamente.

Mis padres se encontraban en su recamara y yo en la mía,  fue en un momento de arranque donde tome la decisión de ya no vivir, entonces tome todas la pastillas que encontré en casa y una por una las tome aproximadamente fueron 30, en ese lapso nunca dije alto, nunca sentí remordimiento y nunca pensé en lo que pasaría después, eso no me preocupaba solo me importaba yo y acabar con ese sufrimiento.. 

Pero no logre, aun sigo viva, aunque a veces vivo muriendo.


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